En medio de las montañas y calles de Ciudad Bolívar, Dios está obrando con poder. Nuestros niños se reúnen con alegría para escuchar la Palabra de vida, recibir un refrigerio con amor y experimentar el cuidado de un Dios que no olvida a ninguno de sus pequeños.
Cada semana, vemos cómo sus ojos se iluminan con cada historia bíblica, con cada oración y cada abrazo. Aquí no solo se alimentan cuerpos, sino también almas. Sembramos fe en una generación que necesita saber que tiene propósito, valor y un futuro lleno de esperanza.
